Uno de los temas de estos días está siendo la nacionalización de YPF por parte del estado argentino. Aparte de lo que han contado los medios (intentad ver no solo los españoles y argentinos por favor) me gustaría reflexionar sobre un tema que para mi es la causa principal de este problema y por el que estamos pasando de puntillas. Mi idea no es contar mi opinión sobre la nacionalización, que aparte de corta sería irrelevante, si no plantear algunas preguntas interesantes.
Vamos a hablar de los derechos de propiedad. Uno de los pilares del capitalismo (hablando de otro sistema, por ejemplo socialista no tendría sentido hablar de este concepto) es la existencia de la propiedad privada y un estado que se encarga de protegerla. Este sistema propone (simplificando mucho) que si eres el dueño de, por ejemplo, una parcela invertirás en ella para así sacarle un rendimiento, mientras que si por el contrario es de propiedad común, no te esforzarás en cultivarla, puesto que otro que no la cultive al final se aprovechará de tu trabajo. Así podemos observar todo lo desaprovechado y en qué mala situación están los montes comunales gallegos.
Por tanto, entendiendo el concepto de propiedad, vamos a aplicarlo. Esto es fácil en unos casos: una casa, un terreno, un ordenador… pero puede ser extremadamente difícil en otros: el aire ¿pertenece a alguien? ¿Y el mar? Nadie se había planteado de quien era el aire hasta que ahora hay gente que saca rendimientos de él, destrozando la frase popular de “vivir del aire”. Pero claro, ahora hay quien contamina el aire y empeora nuestra calidad de vida, o saca un rendimiento económico de él. A donde pretendo llegar es que, así como se debate ahora la “propiedad del aire” para solucionar los problemas de la contaminación (si nos pertenece a los ciudadanos quien contamine deberá pagarnos por ello y así hasta que sea tan caro como para que inviertan en dejar de contaminar) en su momento también se planteó el debate de a quién pertenecen los recursos del subsuelo.
Parece obvio que el subsuelo no es algo tan fácil de adjudicar como un simple coche. Un ejemplo: tengo un terreno en la ladera de una montaña, el más cercano al valle y por encima existen otros dos terrenos de propietarios distintos, por los tres discurre un riachuelo subterráneo que yo aprovecho para extraer agua y regar mi terreno. El del terreno superior hace lo mismo, y el de más arriba también. El resultado final es que el del terreno superior tendrá una finca explotable y los otros dos un terreno sin ninguna utilidad, simplemente por la ubicación, perdiendo todo el valor que tenía antes. Así que el agua, los recursos naturales y demás, no es tan simple decir que pertenecen a una u otra empresa. Parece lógico que sea el estado al que pertenecen esos recursos, que gestione su explotación, puede cedérsela a una empresa privada a cambio de una contraprestación o puede intentar explotarlo por sus propios métodos y que el beneficio de un recurso propio recarga en la propia población y no en los inversores de una empresa privada y a lo mejor extranjera.
Ya para terminar un par de reflexiones: me parece bastante chocante la implicación de todos los medios y la población en España para defender a una empresa privada cuyos accionistas son un centenar o millar de personas, como si ellas estuvieran muy preocupadas de los 5 millones de parados españoles, me parece absurdo el ataque hacia la población argentina (acaso nosotros somos responsables de todas las actuaciones de nuestros dirigentes) y otra pregunta al aire ¿recordais la reacción que hubo en España cuando una empresa extranjera europea hizo una OPA contra una gran empresa eléctrica española? Parecía que todo el mundo estaba de acuerdo en que las grandes empresas estratégicas deberían ser de propiedad española, pues ahora no nos quejemos de que un país quiera que su recurso más preciado sea explotado por sus propios medios.
Parece que en España estamos más acostumbrados a nacionalizar pérdidas (bancos ruinosos) a admitir que otros puedan nacionalizar sus recursos.